Relato de Sexo con mi Tía Kumi

relato de sexo con mi tia

Esto no es un simple relato erótico de sexo con mi tía. La siguiente experiencia fue una de las más excitantes que he vivido. Cada vez que la recuerdo no puedo evitar que se me endurezca algo ahí abajo. Hice el amor con mi tía Kumi.

En aquel entonces yo tenía 25 años y recién había terminado la universidad. Mi tía Kumi, con la que tuve rico sexo, tendría alrededor de 42 años (no sé ni cuántos tiene ahora exactamente, pero se mueve por ahí).

Era una temporada en la que me estaba quedando a vivir en casa de mis padres durante los primeros meses de mi nuevo trabajo. En la casa también vivía mi tía, quien se había separado de su marido hace ya más de un año.

Los Jueves yo tenía un horario muy corto en el trabajo, trabajaba solo cuatro horas por la mañana y volvía a casa antes del mediodía, hora en la que mis padres estaban trabajando y mi tía se ocupaba de la casa.

Así que llegué aquel día, y como de costumbre, encontré a mi tía. Estaba sentada en el sofá de la sala, leyendo una revista.

─Hola, tía.
─Hola, sobrinito… ─me miraba con una sonrisa, realmente parecía alegre de verme.

Y es que después de coincidir a solas todos los Jueves, ese día mi tía estaba decidida a tener sexo conmigo, con su “sobrinito” de ya 25 años, todo un hombre.

Ella es una mujer aparentemente tranquila, pero bastante trabajadora. Es una persona bien educada y de buenos modales, de mirada calmada y bondadosa, cabello negro y liso, ojos marrones y piel bronceada natural. Para su edad y estatura de 1,62 tiene un cuerpo muy bien cuidado. Es el típico cuerpo que con poco esfuerzo logra mantener la línea, la recuerdo de niño con un cuerpo atlético y bien dotado. Ahora, a sus 42 años y debido a sus dos hijas (que viven con el padre), tiene unos pechos muy grandes.

Seguramente, si mi tía Kumiko no hubiera abandonado los estudios para irse con el que ahora es su ex-marido, hubiese triunfado con muchos chicos. Se podría decir que su ex-marido le privó una posible vida de “fama” entre sus compañeros de clase, ya que con solo su cuerpo podría haber sido una de las chicas más populares del instituto.

Mi tía Kumi se ofreció a hacerme un “shiatsu”

Volviendo a su físico, aquel Jueves se había puesto más guapa, se había maquillado un poco los ojos y pintado sus carnosos labios con un color rosa que brillaba. Además, vestía con una especie de kimono japonés de color rojo.

A ella le gustan esas culturas orientales, por eso la llamamos “Kumi”, aunque su nombre real es María Magdalena. Mi madre me contaba que cuando eran jóvenes, su hermana (mi tía Kumi) era fan de una película japonesa antigua, cuya protagonista era una princesa llamada Kumiko.

─¿Vas a tu cuarto? ─me preguntó mi tía.

Fue una pregunta que no me esperaba, ya que la respuesta era obvia. Cada vez que volvía de trabajar, me iba a mi cuarto a dejar mis cosas.

─Sí ─respondí. Y entonces se me ocurrió preguntar─. ¿Por qué? ¿Necesitas algo?
─No… ─dijo tras vacilar unos segundos.

Supe que quería pedirme algo, pero no se atrevía.

Y a mí no se me ocurrió insistir, así que me dispuse a caminar hacia el pasillo para ir a mi cuarto, hasta que ella misma me volvió a hablar.

─¿Quieres que te haga un shiatsu?
─¿Un qué?
─Es que te noto cansado… ─me dijo con una voz agradable.

Mi tía Kumi usaba una voz tan suave que cuando la casa estaba en silencio parecía que hipnotizaba.

─La verdad es que no he dormido muy bien… ¿Pero qué es un “ssiatse”?

Ella rio ligeramente.

─”Shiatsu” ─me corrigió─. Es un… un masaje japonés.

Me cohibí. ¿Mi tía quería hacerme una masaje? Nunca se me había ofrecido a hacer masajes, ni siquiera yo sabía que mi tía hacía masajes.

─¿U-u-un masaje? ─mi mente y mi cuerpo suplicaban que le respondiera que “sí”, pero no me salían las palabras─ …¿en la espalda?
─Bueno, en realidad se hace en todo el cuerpo.

Y se quedó mirándome con una sonrisa, esperando respuesta.

─Vale ─casi respondí automáticamente, no se me ocurrió nada más que añadir, estaba un poco bloqueado por la sorpresa, aunque su propuesta no tenía porqué significar “sexo”, al fin y al cabo era mi tía, un familiar de mi sangre.
─Bueno, pues… ¿te acompaño a tu cuarto? ─preguntó mientras se levantaba lentamente del sofá y dejaba la revista en la mesa.
─Claro, tía.

Recuerdo que, en aquel momento, aunque no quería hacerme ilusiones, un claro pensamiento se me repetía en la cabeza: “Sexo con mi tía. Mi tía Kumi quiere sexo conmigo. ¡Mi tía quiere follarme!”. Mientras iba de camino a mi cuarto, yo delante de ella, empecé a atar cabos y recordé que el día anterior, en una conversación aparentemente trivial, mi tía me había preguntado si tenía novia. Y yo le había dicho la verdad, que estaba soltero.

Yo no sabía si realmente mi tía quería sexo

Ella entró al cuarto detrás de mí, lentamente, y cerró la puerta como haciéndose la distraída.

─¡Ups, perdón! Lo he hecho sin darme cuenta. ¿Prefieres que la deje abierta? ─me preguntó por la puerta.
─No, no importa.
─Ah, bueno ─y me volvió a sonreir.
─Vale, y… ¿cómo… qué tengo que hacer? ─me mostré dubitativo después de dejar mis cosas.
─Acuéstate ─me respondió rotunda señalando a mi cama.

Y yo me dirigí a la cama y me acosté bocabajo.

─Pero tienes que quitarte la ropa, primero ─me dijo casi riendo.
─Ah, sí, claro.

Me levanté y empecé a desabotonarme la camisa. Busqué su mirada como para encontrar aprobación, y la vi que ella miraba mi pecho con cara simpática. Luego me miró a los ojos.

─¿Es la primera vez que alguien te hace un shiatsu?
─La verdad es que sí.
─Pues espero que te guste.
─Todo lo que tú haces me gusta, tía ─ahí estuve ágil.

Mi tía rio divertida.

─¿Ah, sí?
─Sí, por ejemplo, las veces que has cocinado… no te lo he dicho, pero después de comer intento no lavarme los dientes para mantener el buen sabor de tu plato en mi paladar.

Ella soltó una carcajada.

─Eso es una cochinada ─dijo mientras seguía riéndose.
─Sí, es verdad ─admití.

Lo cierto es que fue una cochinada lo que dije. Estaba un poco nervioso para ponerme a improvisar, pero conseguí lo que quería, que era decir algo simpático.

Ya había terminado de quitarme la camiseta y ella volvió a reir.

─¡Pero qué atrevido eres, sobrinito! ─me sermoneó con agrado mientras se me acercaba para tironearme de la mejilla, como le hacen a los niños.

No solía haber contacto físico entre mi tía y yo, hasta aquel momento siempre manteníamos una relación que respetaba el espacio de cada uno. Pero alguna vez surgían miradas curiosas entre ambos que podrían mostrar algún tipo de tensión sexual.

Así que, después de aquel cariñoso gesto, me abrazó fuerte, con ese tipo de abrazos mimosos que consisten en zarandearte. Y ahí noté sus grandes pechos junto con la suavidad de su kimono. La abracé yo también, quizá con timidez.

─Abrázame fuerte, sobrino…

Y apreté más fuerte. El abrazo se hacía largo y peligrosamente adictivo, hasta que de repente besó mi cuello y luego me soltó un poco dudosa de lo que hizo.

La noté con la mirada baja, algo tímida. Pero antes de que yo pudiera decir algo, ella continuó con su rol de mujer decidida.

─Bueno, te hago el masaje.
─Vale…

Me iba a tumbar otra vez en la cama, pero ella se me adelantó y se sentó.

─Mejor siéntate a mi lado.
─Sí, tía.

Me senté.

─Pero tienes que quitarte los pantalones, también ─me dijo suavemente.

Me derretí con su voz.

─¿L-L-Los pantalones también?
─¿Acaso te da vergüenza? Soy tu tía.
─Claro, es verdad… ─respondí, aún cohibido.

Me levanté, separé un metro y me saqué los zapatos para luego comenzar con los pantalones. Otra vez aproveché para mirarla, y ella miraba mis piernas. Sentí un poco de vergüenza, nunca me había desnudado delante de mi tía Kumi. Pero esto es un relato erótico de sexo con mi tía, ya sabéis cómo va a acabar. Solo que en aquel momento me costaba creer que iba a pasar.

El masaje shiatsu fue muy breve

Me quedé en calzoncillos y la miré. Mi tía mantenía una sonrisa de labios cerrados, como decidida a hacer lo que tenía planeado.

Me hizo un gesto para que me sentara a su lado nuevamente.

Me senté, y seguidamente se arrimó a mí hasta pegar sus piernas con las mías. De nuevo pude sentir la suavidad de su kimono rojo.

─Mejor empiezo por las piernas ─me dijo otra vez suavemente.

Y directamente empezó a acariciarme las piernas con sus manos de uñas largas y femeninas. Yo estaba aún cohibido. Mi tía estaba tocando mis piernas desnudas cariñosamente, por primera vez.

─Hay una cosa que quería hablar contigo, sobrino.

La miré. Ella mantenía su miraba en mis piernas mientras comenzaba a masajear mis muslos con sus dedos.

─¿Recuerdas una vez que entré a tu cuarto y te vi… masturbándote?

¡Era cierto! Hace tiempo me atrapó tocándome una gayola mientras veía porno en silencio en mi ordenador, ella se disculpó rápidamente y salió del cuarto cerrando la puerta. Pero pasó hace más de un año. Con el tiempo me autoconvencí de que no se había dado cuenta de que me estaba masturbando, porque después de todo yo estaba de espaldas y ocurrió todo muy rápido.

─¡¿Qué?! ¡No, yo no estaba… no me estaba masturbando! ─me excusé.
─Lo sé, sólo te estabas haciendo un shiatsu en el pene, que estaba bien parado, por cierto─me dijo con sarcasmo y una sonrisa.

Sentí mucha vergüenza. No supe qué decir. Y ella continuó:

─Solo quería que supieras que me dio tiempo a ver lo que estabas viendo… y entonces me di cuenta de que te gusta ver porno con maduritas, ¿verdad? ─de nuevo con su suave tono de voz hechizante.

Fue todo tan repentino para mi relativa inocencia que no sabía si estaba tendiéndome una trampa para burlarse de mí.

Entonces, ante mi cara de total vergüenza, se me acercó al oído y me susurró con ternura:

─Tranquilo, sobrinito querido. Tu tía solo quiere ayudarte a cumplir tu fantasía ─y seguidamente deslizó una de sus manos hacia mi pene, también cohibido.

Aprovechó para volver a besarme en el cuello, y luego me miró a los ojos.

Yo, nervioso y sin saber qué decir, pero ya con los pensamientos más claros, me lancé y besé esos seductores labios.

Ella captó rápido y empezó a comerme la boca mientras pasaba sus brazos sobre mis hombros para atraparme pasionalmente. Nos besamos largamente y ella dejó escapar unos gemidos que despertaron a mi miembro viril.

Luego dejó de besarme y me empujó ligeramente para que me tumbara finalmente en la cama.

─Ahora sí, acuéstate ─dijo, y rió. Yo acompañé sus risas.

Entonces se levantó y caminó hasta la puerta, la trancó para luego lanzarme una mirada seductora mientras se abría la bata o kimono, que dejó caer al suelo tras de sí. Estaba en ropa interior, brasier y bragas rojas frente a mí.

¡Qué cuerpazo! ¡Qué tetas! Eso sí es una verdadera mujer: el cuerpo de mi tía Kumiko y su rostro de mirada afectuosa. Me gustaba ver sexo con maduras, pero después de aquél día el sexo con maduritas se convertiría en “el amor de mi vida”.

Pero aún venía lo mejor. Mi tía se quitó su brasier XXL, y luego sus bragas sin dejar de mirarme. Sus tetas colgaban como grandes globos de agua, y tenía el chocho depilado, ella sabía que aquel Jueves iba a ser el gran momento para follarse a su joven sobrino.

Antes yo estaba cohibido, pero, viendo ese cuerpo perfecto de mujer madura, la excitación era tal que ya no sentía tanta vergüenza. Y mi pene se endureció como nunca, pidiéndome a gritos que le dejara respirar, por lo que me saqué los calzoncillos, deseoso de sexo con mi tía Kumi.

─Creo que me va a gustar ese masaje “ssiatse” ─le dije.
─¡Shiatsu! ─me corrigió divertida mientras se subía a la cama conmigo.

Mi tía me folló

Fue directa a acostarse sobre mí, de nuevo a besarme. Lo sentí todo: sus gigantes tetas reposando sobre mi pecho, sus tiernos labios y agresiva lengua bailando con la mía dentro de mi boca, y el contacto de su cadera y piernas calientes. Mi pene rozaba su entrepierna como dos animalitos que se olisqueaban recién conocidos.

Luego se incorporó y mantuvo sentada sobre mí, con mi pene delante, que llegaba hasta su ombligo. Lo agarró con sus manos y comenzó a masturbar.

─Masaje shiatsu para mi sobrinito querido ─dijo mirándome.

Qué placer… Cómo usaba sus manos de mujer experimentada.

─Me gusta ─dije con la respiración agitada─, me gusta tu masaje japonés.
─¿Te gusta el masajito que te hace tu tía? ─aquella dulce voz…
─Sí, me encanta.
─Pues yo también quiero.

Y seguidamente se detuvo, para luego levantarse ligeramente. Lo iba a hacer, mi tía iba a follarme. Ella no necesitaba calentarse, ya estaba hirviendo. Como yo, mi tía soñaba con ese día hasta que no pudo más y me lo propuso.

Con una mano, controló mi pene para que apuntara a su vagina, y volvió a sentarse lentamente mientras cerraba los ojos y abría su boca, poseída por el placer de la lujuria que provocaba aquella fantasía de incesto entre una tía y su sobrino hecha realidad. Mi pene entraba lentamente en aquel túnel de paredes calientes y húmedas.

Estaba en su salsa. Mi tía movía su cadera de arriba para abajo, de un lado para el otro, adelante y atrás, en círculos, apoyaba sus manos sobre mi pecho, saltaba… Estaba disfrutando como no lo había hecho en años, seguramente. Gemía y gemía sin vergüenza.

Y yo era el hombre más feliz del mundo, no me lo podía creer. Mi polla estaba en el interior de mi tía. Sus tetas saltaban. Las vistas que tenía frente a mí no podían ser superadas por ninguna peli porno de maduritas interpretada por la actriz mejor dotada del mundo. Estaba teniendo sexo con mi tía, que para colmo tenía un cuerpazo.

Ella me miró.

─¿Te gusta, sobrinito? ¿Te gusta hacer el amor con tu tía? ─me preguntó sin dejar de moverse.
─Sí, tía, me gusta mucho ─disfruté diciéndolo.
─Dímelo otra vez…
─Me gusta mucho, tía ─repetí.
─¿Te gusta que tu tía te haga el amor, sobrino? ─no dejaba de mirarme con una cara lasciva que ni en mis sueños habría logrado recrear.
─¡Sí, mucho!

Era inevitable, iba a correrme pronto.

─¡Uohhh…! ─gimió profundamente de placer─ ¡A mí también me gusta mucho… hacerle el amor… a mi sobrinito querido! ─dijo entre gemidos.

Y comenzó a moverse más rápido y más duramente. Cada vez que yo notaba sus nalgas y muslos chocar contra toda mi cadera mientras veía aquellas tetas botando sentía que estaba en el cielo.

Cerré los ojos para dejar de ver aquella loba follándome y así poder concentrarme en aguantar más, pero…

─¡Tía, no aguanto, me voy a…!
─¡Hazlo dentro! ¡Córrete sin miedo, sobrinito! ─me interrumpió.

Antes de que terminara de hablar ya me estaba corriendo bien adentro de su jugosa vagina, sin poder aguantar un segundo más. Exploté en su interior mientras mi tía Kumiko seguía follándome con agresividad.

Pero ella también estaba acabando. Sus gemidos eran cada vez más agudos, hasta que en su última embestida se estiró hacia atrás con un gemido largo. Luego suspiró, agachó la mirada y se quedó ahí varios segundos.

Terminó.

Después se levantó lentamente para bajarse de la cama. Vi cómo chorreaba una gota de mi semen desde su vagina de labios grandes.

El arrepentimiento inevitable

Evitando mirarme, se quedó de espaldas tras bajarse de la cama y se miró el chocho. Yo pude ver su tremendo culo.

Se me ocurrió alcanzarle el rollo de papel higiénico que guardaba en el cajón de la mesita de noche (ése que usaba para limpiarme mis masturbadas).

─Toma papel, tía.

Solo se giró lo justo para coger el rollo de papel higiénico y se volvió para limpiarse. Aún de espaldas, parecía avergonzada. Esa típica situación que surge después de que el demonio de la lujuria te posee y vuelves a ser tú, sobretodo después de haber tenido sexo con quien menos deberías haberlo tenido. Después de todo, una tía que se folla a su sobrino, es incesto, y ello hacía que mi tía se sintiera un poco mal por lo que acababa de hacer.

De nuevo sin mirarme ni mediar palabra, me devolvió el rollo de papel tras limpiarse y caminó hacia la puerta, donde estaba su ropa. La recogió, aún de espaldas, y se puso la kimono-bata mientras sostenía su ropa interior en una mano.

Entonces se dio la vuelta y, con su suave voz, por fin me habló:

─¿Te gustó? ─me preguntó con una sonrisa forzada.
─Sí, tía… ─quise añadir algo más, cualquier cosa para que no se sintiera culpable, pero no me salieron las palabras.
─Me alegro ─dijo.

Desatrancó la puerta y, antes de abrirla, volvió a mirarme.

─No le digas a nadie lo que hicimos.
─No, tía, claro que no. No te preocupes.

Y entonces salió de mi cuarto, cerrando suavemente la puerta.

Acababa de ocurrirme lo inimaginable: tuve sexo con mi tía. Y había sido muy, muy rico. Pero me sentía un poco mal por aquella frialdad.

Sin embargo, su arrepentimiento duró poco. Al día siguiente ya nos tratábamos con naturalidad, como si nada hubiese pasado. Escondíamos un secreto delante de mis padres. Pero como dos adultos que éramos, confiábamos en que ninguno hablaría de más. Era nuestro secreto erótico.

Y, como ya supondréis, aquella no fue la única vez. Todos los Jueves después de aquel, mi tía y yo volvíamos a tener sexo. Los siguientes encuentros fueron mucho más largos que el primero, practicamos otras posturas y ella siempre dejaba que me corriera dentro. Os contaré en otro relato cómo fue ponerla a cuatro patas. ¡Qué culazo!

Con el tiempo se había convertido en algo normal, siempre esperábamos ansiosos a que llegara el Jueves para desnudarnos en su cuarto o en el mío y follarnos de todas las formas. Después de cada vez, ella volvía a arrepentirse, pero a medida que lo hacíamos más a menudo, dejó de sentirse avergonzada, y hasta me besaba cariñosamente cada vez que terminábamos.

Hoy en día ya no lo hacemos. Yo ya no vivo en casa de mis padres, ni ella tampoco. Pero estoy seguro de que si coincidiéramos, volveríamos a pecar.

FIN.

Espero que os haya gustado este relato de sexo con mi tía Kumi.

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